La viralidad está de moda. Y es el mayor objeto de deseo para el proveedor de un contenido digital ya que, cuantos más clics, más ingresos. Algo se convertirá en viral solo si es atractivo, directo y emocionalmente impactante. Pero, sobre todo, si supera las expectativas y la intensidad de lo que ya existe.

El impacto y la emoción parecen ser las claves para abrirse paso en la inmensidad de la información de internet. Los mensajes de alegría, confianza o felicidad facilitan mucho la propagación de los contenidos, pero también es posible manipular los mensajes negativos para alcanzar el éxito siempre que generen emociones extremas.

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¿Cómo sucede un linchamiento digital, y cuáles son las secuelas para quien lo sufre?

Poco se ha escrito sobre los casos de linchamiento digital, tales como la humillación pública a través de la difusión de fotos íntimas, o el insulto masivo a una persona, motivado, en ocasiones, por una actitud puntual y aislada. La facilidad que ofrece la tecnología para compartir cualquier tipo de contenido y la facilidad para ser realimentado por los fáciles «me gusta» y «comparto» hacen que el linchamiento virtual crezca de forma incontrolable, convirtiéndose casi en una obligación para los que participan en él. Casi todos castigamos antes de pensar.

Ante una red que carece de fronteras y con muy escasos mecanismos de control, el daño que se provoca en las víctimas es terrible.

Si quieres profundizar más en este tema, te sugerimos la lectura de este excelente artículo publicado por Elena Mengual en el diario español El Mundo.