Pasamos delante de nuestras pantallas casi la mitad del tiempo que estamos despiertos. Más de la mitad de nosotros solemos dormir con el teléfono móvil en la mesilla de noche, y es con lo primero que interaccionamos nada más despertarnos.

El 33% de nosotros consultamos el smartphone de forma constante a diario, en intervalos menores de cinco minutos.

Los adultos pasan el doble de tiempo con sus teléfonos móviles que con sus hijos. Y la mitad de los jóvenes interactúan con sus dispositivos más que con cualquier otra cosa o persona, y se sienten profundamente ansiosos o aburridos en caso de no poder utilizarlo.

¿Somos los dueños de nuestra tecnología, o sus clientes?

Vivimos conectados a pequeñas pantallas con contenido en constante movimiento. Las notificaciones, las interrupciones, las recomendaciones… todas ellas están condicionando constantemente nuestra atención, y moldeando nuestros cerebros. Las redes sociales y sus interacciones inmediatas -comparto y «me gusta»- redefinen nuestras motivaciones y necesidades.

Estos diseños no son arbitrarios. Están basados en un profundo conocimiento de la atención humana y de las necesidades fundamentales de las personas.

¿Estamos presentes?

¿Sientes que no puedes desconectar?
¿Sientes que no puedes concentrarte como antes?
¿Sientes que no puedes mantener una lectura sostenida, y necesitas interrumpirte?¿Sientes saturación y estrés al final del día, aún cuando no hayas tenido una jornada especialmente agotadora?

Si respondes afirmativamente a alguna de estas preguntas, puede que estés sufriendo los efectos colaterales de la sobreexposición a la tecnología.

¿Quieres saber más?