9 señales de adicción a la tecnología

¿Adicción o dependencia?

A veces utilizamos la palabra «adicción» con mucha ligereza. Y no debemos culparnos: cuando hablamos de tecnologías digitales, la separación entre el entusiasmo, la necesidad, la dependencia y la adicción es un terreno muy difuso.

¿Si estamos enganchados… es culpa nuestra?

La vida digital es muy seductora, por muchas razones.

La red es tan masiva que podemos reforzar cualquier opinión que tengamos, por insignificante o extrema que sea. Creamos así nuestra particular isla de sentimientos de pertenencia, que poblamos de contactos fáciles y rápidos. Incluso podemos jugar con nuestra identidad, escondiendo fácilmente nuestras vulnerabilidades.

En Internet encontramos además gran parte de la oferta de ocio, y consumimos constantemente la permanente ilusión de que nuestras decisiones llegan mucho más lejos. Nos sentimos  exclusivos, acompañados, y especiales.

También nos sentimos estimulados cuando consultamos nuestras pantallas, ya que las aplicaciones están diseñadas para disparar inmediatas reacciones de adrenalina y placer, una súbita energía que nos invade silenciosamente -prueba a ponerte el despertador de madrugada y navegar por una red social… quizá te sorprenderás al notar un efecto más rápido que el de tomarte un café-.

Es evidente que el diseño de la tecnología está orientado a generar respuestas de dependencia neurofisiológica y emocional, algo que inevitablemente moldea nuestros hábitos. Pero, en última instancia, las personas siempre tendremos la capacidad de ser conscientes y decidir lo que hacemos, aunque nos cueste un importante esfuerzo y voluntad.

Y tú, ¿necesitas la tecnología, o eres adicto a ella?

Es importante que te hagas esta pregunta a diario. A ti, a tus hijos, y a las personas que te importan.

Puedes afirmar sin miedo que todos necesitamos utilizar la tecnología para comunicarnos o divertirnos pero, ¿TIENES CLARO EN QUÉ CASOS ROZAMOS LA ADICCIÓN? 

Aquí tienes una lista de señales e indicios habituales que, juntos o separados, caracterizan a un comportamiento adictivo frente a una simple dependencia o necesidad.

1)

NO CONTROLAS Y ESTÁS CIEGO.

Eres incapaz de poner medidas de control o crítica sobre tu uso de la tecnología. Además, justificas tus hábitos tecnológicos constantemente ante los que te rodean sin importar su frecuencia o intensidad, y te sientes atacado cuando te cuestionan.

2)

NO SABES PARAR.

Cuando tienes que parar, o te dicen que pares, no sólo no sabes hacerlo sino que actúas de forma irascible.

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3)

ESTÁS DESMOTIVADO.

Todo lo demás ha perdido interés comparado con lo que te ofrece Internet. Estás triste o decaído con mucha frecuencia, salvo cuando estás utilizando tus dispositivos digitales.

4)

TU PRESENCIA SE VENDE MUY CARA.

Prefieres siempre el contacto a través de redes sociales o mensajes, antes que una llamada telefónica o una conversación presencial. Lo haces así porque te resulta mucho más fácil, más estimulante, y además crees que es mucho más eficiente.

5)

ALTERNAS LA EUFORIA CON LA IRRITACIÓN

Te irritas de forma extrema cuando las aplicaciones van lentas, o no funcionan, y actúas con agresividad hacia tu entorno como si estuvieras en una situación límite. Sin embargo y en otros momentos, te sientes eufórico e importante cuando utilizas tus dispositivos digitales.

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6)

TIENES QUE ESTAR SIEMPRE DISPONIBLE

Tu disponibilidad en las redes es incuestionable. Debes contestar de inmediato, y esperas que los demás lo hagan igual que tú. Si por alguna razón no puedes atender un mensaje o una notificación, casi siempre te sientes culpable y con la imperiosa necesidad de justificarte.

7)

MIENTES

Mientes, ya sin darte cuenta, sobre tus hábitos de uso en Internet.

8)

RENUNCIAS A TUS NECESIDADES BÁSICAS

Con frecuencia, renuncias a comer o a dormir de una forma mínimamente saludable a cambio de estar conectado a tus dispositivos. Justificas estas renuncias a los que te rodean, y a ti mismo, porque no tienes más remedio.

9)

TE AÍSLAS CONSTANTEMENTE

En casa, en el trabajo, en una comida… no sueltas el teléfono de tu mano. No estás presente en la conversación, no estás en ninguna parte, y ni siquiera te das cuenta de ello. Lo que a ojos de una persona es aislamiento y enajenación, para ti supone una vida normal.